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OSLO


Capital de Noruega

desde 1814

Oslo se encuentra en el interior del Oslofjord y está rodeada de boscosas colinas. Este entorno de mar y naturaleza es para la ciudad como un soplo de aire fresco con el que obsequia a sus habitantes y visitantes, y con la que que pocas capitales del mundo pueden competir. No solo las colinas circundantes son perfectas para realizar actividades físicas como caminar y esquiar, sino también los grandes espacios abiertos dentro del centro de la ciudad, llenos de residentes a cada oportunidad.

 

Oslo fue nombrada Capital Verde de Europa de 2019 por su dedicación y esfuerzo para preservar los espacios naturales, facilitar su accesibilidad y reducir la polución medioambiental, y está en proceso de ser certificada como Destino Sostenible, una distinción de calidad que se otorga a aquellos destinos que trabajan de manera continuada para reducir el impacto medioambiental del turismo sin dejar de ofrecer a sus visitantes la mejor experiencia posible.

“Está rodeada de boscosas colinas y un mar profundo que proporciona  a sus habitantes y visitantes un aire fresco con el que pocas capitales del mundo pueden competir”

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La historia de Oslo (Noruega)

El origen de la ciudad de Oslo se remonta al año 1048, cuando fue fundada por el rey Harold Hardrade. Sin embargo, en sus inicios, su importancia era menor, ya que había ciudades más importantes como Bergen, por su relevancia comercial, y Nidaros (Trondheim en la actualidad), que se consideraba la capital religiosa del país. Oslo es la capital de Noruega desde el año 1314, gracias al rey Haakkon V, que decidió establecer allí su residencia permanente. Él fue quien ordenó la construcción del castillo de Akershus, del que os hablaremos más adelante.

La ciudad pasó épocas poco afortunadas, como cuando en varias ocasiones se incendió casi por completo durante la Edad Media y tuvo que ser reconstruida. Además, siglos atrás, entre 1536 y 1814, Noruega y Dinamarca estuvieron unidas, constituyendo un solo estado político. En esta unión, Noruega y, en consecuencia, Oslo, salieron perjudicadas, ya que Oslo perdió su carácter de capital, teniéndose que conformar con ser un mero centro administrativo del poder danés. Durante este periodo, se redujo el poder económico de la Iglesia y eso derivó en una crisis de empleo, lo que llevó a que la ciudad fuera a menos. En 1624, el rey Cristián IV no sólo trasladó la ciudad a la fortaleza de Akershus, sino que también cambió el nombre de la ciudad a Cristianía. El objetivo de la nueva ubicación, junto al castillo Akershus era transformarla en una ciudad fortificada. Durante esa época el entramado de la ciudad se construyó siguiendo un modelo renacentista, con técnicas que evitaran que la ciudad volviera a ser devorada por el fuego.

Tras este periodo de decadencia, la ciudad vivió una época de crecimiento a principios del siglo XVIII gracias al comercio marítimo y al comercio de la madera.

Finalmente, en 1814, la unión entre Noruega y Dinamarca llegó a su fin, lo que propició que Oslo (Cristianía por aquél entonces), de nuevo capital del país, siguiera creciendo. Durante el siglo XIX la ciudad vivió algunos de sus mejores momentos con la construcción de edificios de gran importancia como el Palacio Real, la Universidad, el Storting o el Teatro Nacional. Se crearon nuevos barrios y la población se multiplicó gracias a la llegada de inmigrantes para trabajar en las fábricas.

En 1924, la capital recuperó su nombre original y que todos conocemos hoy en día: Oslo.

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La vida en Oslo

En Oslo, como en el resto de Noruega, la vida se vive de forma diferente. El estrés y el ritmo de vida frenéticos a los que estamos acostumbrados no son bienvenidos en este país. Los habitantes de Oslo intentan llevar una filosofía de vida reposada, tranquila, que les haga disfrutar de su familia y de todo lo que su entorno les ofrece. Lo mejor de todo es que les funciona, ya que, año tras año, Noruega no baja del top 3 en la lista de los países más felices del mundo.

Oslo es la ciudad que más rápido está creciendo de Europa. Tiene un plan urbanístico muy ambicioso cuyo objetivo es integrar el atractivo del fiordo de Oslo en la ciudad. Prevé ser la primera capital de Europa en tener un centro urbano sin coches, donde el beneficiado sea el ciudadano, y en el que se pueda circular libremente, sin tener que estar pendiente de los coches ni la contaminación.

Puede que Oslo no tenga la monumentalidad de Roma o París, pero su encanto no se reduce ni un ápice. Sus edificios históricos, sus muchos museos, castillos, templos y parques son buenos merecedores de ser visitados. Se trata de una ciudad dinámica, con unas dimensiones ideales para disfrutar de ella tranquilamente y sin estrés (tiene apenas 600.000 habitantes), con el encanto de estar rodeada de naturaleza, tanto por el fiordo como por zonas boscosas. Su Gobierno es conocedor de todas estas virtudes, y en los últimos años han dedicado todos sus esfuerzos en potenciar una ciudad limpia, sostenible, eficiente, y que cuida su entorno.

Todo en Oslo gira alrededor de lo sostenible, del vivir sin prisas, y esa filosofía lo engloba todo, porque todo influye para hacer más agradable la vida de los habitantes en una ciudad. Los mercados, las tiendas y los restaurantes apuestan por lo ecológico. Se han creado huertos urbanos, se promociona el transporte público, hasta el punto de que se puede llegar desde el centro a una pista de esquí en metro. Se respira aire puro gracias a sus parques, jardines y entorno en general, para que te hagas una idea, dos tercios de la superficie de Oslo son espacios verdes, algo que es totalmente inusual en cualquier otra capital. En definitiva, se intenta que las actividades al aire libre sean lo más agradables posible.

 

Qué ver en Oslo

 

El Parque Vigeland

El Parque Vigeland es, sin duda, el lugar de visita obligada en tu viaje a Oslo. Se trata de un museo de arte al aire libre. Gustav Vigeland esculpió, durante más de 20 años de su vida, 212 esculturas de granito y bronce de personas a tamaño natural representando estados de ánimo y expresiones. El mismo escultor colaboró, además, en el diseño del conjunto arquitectónico del parque. Lo que más llama la atención a los visitantes es la columna de 14 metros que se talló en una sola piedra y en la que aparecen nada más y nada menos que 121 figuras humanas. Cuando lo visites, quizás te apetezca hacer como los noruegos, que suelen ir al parque a hacer picnic cuando hace buen tiempo o simplemente a pasear. El parque no cierra, está abierto las 24 horas del día y, por supuesto, se puede acceder de forma gratuita. Si después de ver sus esculturas te quedas con ganas de más, justo al lado hay un museo dedicada al famoso escultor. 

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La Fortaleza de Akershus

El Castillo o Fortaleza de Akershus es uno de los principales símbolos de Oslo. Está situado a orillas del fiordo, en un lugar privilegiado. Los inicios de la fortaleza datan del siglo XIV, cuando era un palacio real. En su historia fue escenario de muchas batallas, hasta que a finales del siglo XIX pasó a ser patrimonio histórico de Noruega. Hoy en día los restos del antiguo castillo medieval son escasos, pero todavía es posible encontrar algunas partes de esa época. También quedan murallas y bastiones de la época renacentista que podrás visitar. La fortaleza de Akershus está considerada una obra maestra de la ingeniería militar de la Edad Media.

En el interior de la edificación podrás encontrar dos museos que merece la pena visitar: el Museo de la Defensa, en el que podrás descubrir toda la historia militar del país, desde la época vikinga hasta la actualidad, y el Museo de la Resistencia, en el que se muestra la historia de la Resistencia durante la ocupación nazi en Noruega.

El Museo Noruego de Historia Cultural

El Museo Noruego de Historia Cultural, o dicho de otra manera, el museo del pueblo noruego, es otro de los mayores atractivos de la ciudad. En este museo conocerás la historia de Noruega de una forma muy original, entretenida y diferente. Podrás recorrer su historia a través de 155 casas, granjas y edificios que fueron traídos desde todo el país. Si además consigues hacer coincidir la visita con un día soleado, la experiencia será aún más especial. O quizás, tu visita sea en Navidad, época en la que se monta un mercado navideño de lo más entrañable.

La mayoría de sus edificaciones son de madera, algo típico de los países del norte de Europa. Su edificio más emblemático es la iglesia de madera de Gol, que data del siglo XIII. No sólo te llamará la atención su exterior, sino que su interior es especialmente elegante, en parte gracias a las pinturas que lo decoran. El resto de edificios te ayudarán a hacerte a la idea de lo que es la cultura noruega y una visión general de la historia del país. Si vas con niños, se lo pasarán en grande.

El Museo de barcos vikingos

¿Quién no siente curiosidad por la historia de los vikingos? En este museo podrás encontrar algunos de los barcos vikingos mejor conservados del mundo. Además, tienen una historia curiosa, ya que se encontraron en 3 enormes tumbas reales cerca del fiordo de Oslo. Se enterraron ahí hace más de un milenio porque se pensaba que transportarían a sus reales propietarios al reino de los muertos.

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Ópera de Oslo

La arquitectura y diseño de la Ópera de Oslo es de lo más particular, se construyó pensando en un iceberg, y está configurada con un tejado cubierto de mármol desde el que podrás ver Oslo desde un punto de vista diferente. El edificio se refleja en el agua del fiordo tanto de día como de noche, dotándolo de una imagen especial. Su interior tampoco se queda atrás, por lo que te aconsejamos que participes en una de las visitas guiadas que enseñan su interior futurista.

El Museo Munch

Edvard Munch podría considerarse uno de los pintores más conocidos de todos los tiempos. Si eres fan de su pintura, recorrer los pasillos del museo repleto de obras del artista tiene que formar parte de tu agenda. Eso sí, ten en cuenta que si lo que quieres es ver su cuadro más popular, El Grito de Munch, tendrás que ir a la Galería Nacional, que es el museo que lo alberga.

Ayuntamiento de Oslo

El Ayuntamiento de Oslo no es especialmente atractivo visto desde fuera, pero si tu visita coincide con alguna de las fechas en las que dejan visitar tu interior, no te lo pienses, ya que podrás disfrutar de una fantástica colección de decoraciones que recorren la historia, la cultura y la vida laboral local.

 

El tiempo en Oslo

El clima en Oslo es, por suerte para habitantes y visitantes, más suave de lo que cabría esperar dada su situación geográfica. Esto sucede gracias a la Corriente del Golfo, una corriente procedente del Golfo de México que arrastra agua templada que modera las temperaturas del país.

Para que te hagas una idea, las temperaturas medias aproximadas de cada estación son:

  • Invierno: de 1ºC a -4ºC
  • Primavera: de 4,5ºC a 10ºC
  • Verano: de 15ºC a 16ºC
  • Otoño: de 6ºC a 11ºC

Eso no significa que cuando vayas a encontrar estas temperaturas, pero te pueden servir de orientación. Ten en cuenta que siempre puede hacer mucho más frío o mucho más calor, dependiendo de las condiciones atmosféricas, lo importante es estar preparado para ello. Si lo que te da miedo son las bajas temperaturas, sigue la filosofía noruega: el frío no existe, sólo la ropa poco apropiada.

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Gastronomía en Oslo

La escena gastronómica de Oslo ha resurgido en los últimos años, gracias sobretodo a jóvenes chefs que buscan explotar y dar a conocer tanto ingredientes locales como las tradiciones culinarias del país. La cocina escandinava está de moda, y un gran ejemplo de ello es Maaemo, con 3 estrellas Michelín. Además, la capital tiene una excelente colección de museos que cubren una amplia gama de temas fascinantes, y una fabulosa escena al aire libre.

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